Marzo 2026
DOI
ISSN
3091-180X
Vol. 4 No.10 PP. 39-55
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que en 2022 ocurrieron cerca de 2,3
millones de muertes neonatales en el mundo, con las infecciones severas y la sepsis teniendo una
importante proporcionalidad en la causa de estas muertes (2). Además, se ha documentado que
existen más de tres millones de recién nacidos por año que presentarán una sepsis neonatal, por
generar una importante carga económica, social y en relación a la salud para los sistemas de salud
(3). La tasa de incidencia es notablemente mayor en regiones donde existen limitaciones en la
infraestructura hospitalaria, en los servicios de atención especializada y en la disponibilidad de
recursos diagnósticos, donde la tasa de mortalidad puede llegar a valores superiores al 20 % en
algunos entornos clínicos (4).
En cuanto a la epidemiologia, la sepsis neonatal tiene la siguiente clasificación: sepsis neonatal
de inicio temprano y sepsis neonatal de inicio tardío; la sepsis neonatal de inicio temprano se
produce durante las primeras 72 horas de vida, en general, asociada a la transmisión vertical de
microorganismos maternos durante la gestación o el parto; La sepsis tardía, a partir de las 72
horas de vida, suele asociarse con infecciones nosocomiales, con procedimientos invasivos, con
el uso de ventilación mecánica y con los dispositivos intravasculares (5).
Dentro de los factores de riesgo más importantes se encuentran la prematuridad, el bajo peso
del recién nacido, la ruptura precoz de membranas, la corioamnionitis materna y las
características propias de la inmunidad inmadura que los recién nacidos presentan (6).
Uno de los principales problemas que esta enfermedad trae consigo es la dificultad para
establecer un diagnóstico precoz. Las manifestaciones clínicas suelen ser inespecíficas y se
manifiestan como disnea, inestabilidad térmica, alteraciones de las cifras hemodinámicas,
letargia, rechazo a la alimentación, alteraciones neurológicas, lo que provoca que se confundan
las manifestaciones de la sepsis con el resto de las patologías neonatales (7). Aun cuando los
hemocultivos continúan siendo la referencia para la confirmación diagnóstica, porque son poco
sensibles y los resultados pueden tardar días y días en obtenerse, la toma de decisiones acerca
del tratamiento puede ser tardía (8).
Consciente de ello, diferentes sociedades científicas han desarrollado imprescindibles protocolos
de manejo clínico que tienden a mejorar la supervivencia neonatal. Las guías internacionales
subrayan la necesidad de la detección precoz de signos clínicos, de la instauración precoz de los
antibióticos empíricos, de la monitorización constante de los parámetros fisiológicos, y del
soporte hemodinámico, con el objetivo de prevenir la distancia del choque séptico y de la
supervivencia multiorgánico (9). Estudios recientes han mostrado que la aplicación de protocolos
sistemáticos basados en la evidencia permite decrecer drásticamente la mortalidad, acortar la
estancia hospitalaria y los resultados clínicos de los pacientes neonatales ingresados en UCIN (10).
No obstante, persisten importantes retos relacionados con la resistencia a los antimicrobianos. El
aumento de microorganismos multirresistentes en las unidades neonatales es una preocupación
internacional debido a la reducción de las opciones terapéuticas y aumento de costes en la
atención de los pacientes ingresados (11). Esta situación ha conducido a la implementación de
41
VITALYSCIENCE REVISTA CIENTÍFICA MULTIDISCIPLINARIA
+593 97 911 9620