Marzo 2026
DOI
ISSN
3091-180X
Vol. 4 No.11 PP. 14-30
los criterios médicos aplicados, golpeando con más fuerza en entornos urbanos y en mujeres
(8,9). Por su parte, la ERC afecta en promedio a un 10 % de los adultos en la región, alcanzando
cifras del 8,3 % en Ecuador, 11,5 % en Colombia, 10,2 % en Chile y 13,8 % en México (10). La
rápida urbanización, el elevado consumo de ultraprocesados, el sedentarismo y los vacíos en la
atención médica han creado el terreno perfecto para el riesgo cardiometabólico.
La situación en Ecuador es verdaderamente alarmante y constituye una urgencia de salud pública.
Las prevalencias de diabetes, hipertensión y síndrome metabólico alcanzan valores del 20,4 %,
35,6 % y 54,2 % respectivamente en comunidades rurales de la costa en proceso de transición,
cifras muy elevadas para zonas rurales y de cultivo (11). Al margen de lo mencionado, la ERC
también se va expandiendo a paso tranquilo, afectando a un 8 % de los y las ecuatorianas, siendo
que para el 2025 se proyectaba que más de 19.800 personas necesitarían de diálisis o trasplante
con un crecimiento del 4 % anual (12,13). De hecho, la diabetes y la hipertensión provocan entre
el 60 % y el 90 % de los casos de ERC avanzada en el país, y cerca del 40 % de los pacientes en
diálisis tienen diabetes. Más allá del impacto personal, esto significa una carga económica enorme
para el sistema público de salud.
Por suerte, los avances terapéuticos de la última década han cambiado la forma de afrontar estas
patologías. Los inhibidores SGLT2, que nacieron como antidiabéticos, mostraron beneficios
cardiorrenales clave en ensayos clínicos: reducen los ingresos por falla cardíaca, frenan el avance
de la ERC y disminuyen la mortalidad cardiovascular, de forma independiente del control de la
glucosa (14), (15). En esa misma línea, los agonistas del receptor de GLP-1 han demostrado reducir
significativamente los eventos cardiovasculares mayores, lograr un descenso de peso sostenido y
proteger los riñones en grupos de alto riesgo (16), (17). Del mismo modo, las calculadoras
PREVENT de la AHA incorporan métricas renales y metabólicas para calcular con mayor precisión
el riesgo cardiovascular a 10 y 30 años, superando a las herramientas tradicionales (18).
A pesar de estos avances, aún existen grandes trabas para aplicar esta evidencia en la práctica
diaria, sobre todo en regiones con presupuestos de salud ajustados. El diagnóstico tardío de la
ERC sigue siendo la norma, la atención fragmentada entre especialistas impide un enfoque global,
el acceso a los fármacos cardioprotectores y renoprotectores es reducido y la inclusión de los
determinantes sociales en los cuidados continúa siendo deficiente. Aunque iniciativas como
HEARTS de la OPS han empezado a impulsar esta mirada integrada del CKM en la atención
primaria latinoamericana, los sistemas de salud todavía arrastran serias limitaciones para llevarlo
a la práctica (19).
Ante este panorama, resulta indispensable revisar de forma rigurosa la evidencia científica más
reciente sobre el síndrome CKM, con el fin de orientar las decisiones médicas y las políticas
públicas de salud en regiones muy afectadas como América Latina y Ecuador. Por ello, el objetivo
de este trabajo fue resumir la evidencia publicada entre 2021 y 2026 sobre la prevención y el
manejo integral del síndrome cardiovascular-riñón-metabolismo (CKM), haciendo hincapié en la
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VITALYSCIENCE REVISTA CIENTÍFICA MULTIDISCIPLINARIA
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