Marzo 2026
DOI
ISSN
3091-180X
Vol. 4 No.11 PP. 219-234
científica. Las redes sociales disminuyen las barreras de acceso a la información, pero también las
de publicación, lo que favorece la circulación de contenidos incompletos, descontextualizados o
falsos. La competencia profesional debe abarcar la verificación de fuentes, el reconocimiento de
conflictos de interés, la diferenciación entre experiencia y evidencia, y la capacidad de comunicar
la incertidumbre. La alfabetización digital crítica debe incluirse en la formación de pregrado, la
inducción laboral y el desarrollo profesional continuo (17). Desde la gestión, pueden
monitorearse incidentes vinculados con información clínica errónea, vulneraciones de
confidencialidad, uso de canales no autorizados, reportes de conductas digitales inapropiadas y
cumplimiento de las políticas institucionales de comunicación digital.
El profesionalismo digital se configura, por tanto, como una condición transversal para asegurar
calidad y seguridad. Gum et al. (11) y la literatura sobre e-profesionalismo (12,13) coinciden en
resaltar la privacidad, los límites profesionales, la responsabilidad y el conocimiento de las
políticas institucionales como elementos esenciales. Los incidentes señalados en la literatura
(14,15) muestran que una publicación individual puede alcanzar una difusión considerable y
afectar al profesional, a la institución y a la imagen social de enfermería. En consecuencia, la
gobernanza institucional debe incluir políticas explícitas, canales autorizados, capacitación
periódica, mecanismos de supervisión y procedimientos de respuesta ante incidentes, evitando
tanto la ausencia de regulación como los enfoques exclusivamente prohibitivos.
Desde esta perspectiva, las implicaciones para la gestión del cuidado pueden organizarse en cinco
dimensiones interdependientes: calidad, continuidad, seguridad, experiencia del paciente y carga
laboral. La gestión de enfermería debe superar el uso exclusivo de indicadores digitales, como
alcance, visualizaciones o interacción, e incorporar medidas que determinen si el uso profesional
de redes sociales se asocia con mejoras o riesgos concretos en el cuidado. Esto supone vincular
las estrategias digitales con la adherencia a prácticas fundamentadas en evidencia, la continuidad
de la comunicación, los eventos de seguridad y privacidad, la experiencia del paciente y la
demanda laboral derivada de las actividades digitales. No obstante, estos indicadores deben
asumirse como una agenda de evaluación derivada de los hallazgos, puesto que la evidencia
disponible todavía no permite establecer relaciones causales entre el uso de redes sociales y
dichos resultados clínicos u organizacionales.
Esta revisión presenta limitaciones asociadas con la heterogeneidad de plataformas, poblaciones,
diseños y desenlaces incluidos. Asimismo, una proporción significativa de la evidencia se
concentra en estudiantes y contextos educativos, mientras que existe menor información sobre
profesionales en ejercicio y resultados clínicos atribuibles directamente al empleo de redes
sociales. Por ello, no es posible establecer causalidad general ni cuantificar el efecto de estas
plataformas sobre la calidad, seguridad, continuidad, experiencia del paciente o carga laboral.
Estas limitaciones respaldan la necesidad de estudios prospectivos que incorporen tales
indicadores y permitan diferenciar entre resultados digitales intermedios y desenlaces
asistenciales u organizacionales.
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VITALYSCIENCE REVISTA CIENTÍFICA MULTIDISCIPLINARIA
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