Marzo 2026
DOI
ISSN
3091-180X
Vol. 4 No.9 PP. 185-206
seguridad favorable en el periodo de máxima exposición al alérgeno, lo que indica un mejor
control de síntomas acompañado de una menor dependencia de medicación farmacológica (18).
De manera concordante, los metaanálisis sobre inmunoterapia intralinfática realizados por Jiang
et al. confirman mejoras significativas en CSMS, VAS y RQLQ, así como una reducción de la
necesidad de medicación y de eventos adversos mayoritariamente locales y leves (19). Estos
resultados refuerzan la idea de que la inmunoterapia actúa no solo sobre los síntomas nasales,
sino también sobre el compromiso ocular asociado.
El protocolo PROACAROS presenta un enfoque metodológico sólido para evaluar la
inmunoterapia subcutánea con allergoides de ácaros, que incluye resultados clínicos,
inmunológicos y de calidad de vida (20). La evidencia indica que esta inmunoterapia no solo
debe considerarse para pacientes que no responden a otros tratamientos, sino también como
una opción temprana para quienes padecen rinoconjuntivitis alérgica, con un impacto
importante en su calidad de vida.
Tratamiento farmacológico y control integrado de síntomas
En población pediátrica, Prenner et al. demostraron que el uso de GSP301, una combinación de
olopatadina y furoato de mometasona, mejora significativamente los síntomas nasales y la
calidad de vida, con un impacto positivo en los síntomas oculares (21). Este hallazgo es
coherente con lo descrito por Iordache et al., quienes señalan que los corticosteroides
intranasales pueden mejorar los síntomas oculares debido a la interconexión funcional entre la
nariz y el ojo (10). Las guías de práctica clínica coinciden en que el tratamiento farmacológico de
primera línea para la rinitis alérgica moderada a severa, con o sin compromiso ocular, es el uso
de corticosteroides intranasales, administrados de forma regular (13,15,16). Fármacos como el
furoato de mometasona se recomiendan a dosis de 100–200 µg/día por vía intranasal (una o
dos pulverizaciones por fosa nasal, una vez al día), debido a su alta eficacia antiinflamatoria, su
perfil de seguridad favorable y su mínima absorción sistémica. En pacientes con síntomas
persistentes o mal controlados, las guías sugieren el uso combinado de un corticosteroide
intranasal con un antihistamínico intranasal, como olopatadina, administrado habitualmente
mediante pulverización en la fosa nasal dos veces al día, estrategia que ha demostrado mejorar
simultáneamente los síntomas nasales y oculares. Este abordaje farmacológico integrado
respalda la evidencia de que el control eficaz de la inflamación nasal puede traducirse en una
mejoría indirecta de los síntomas oculares, incluso en ausencia de tratamiento oftálmico
específico, lo que refuerza la utilidad de un enfoque terapéutico integral.
Intervención quirúrgica y eje neuroinmunológico
El estudio de Rajdev y colaboradores demostró que la neurectomía nasal posterior mejora los
síntomas nasales y oculares, así como la calidad de vida, en pacientes con rinitis alérgica
resistente (22). Estos hallazgos indican que el componente neural desempeña un papel
importante en la fisiopatología de los síntomas oculares. La mejoría ocular tras la cirugía sugiere
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